En el manantial de agua del nacimiento, en la Alquería de Galera, una rana común disfruta de un plácido baño de sol y agua limpia. Si el hombre no interfiere demasiado en este fabuloso ecosistema, probablemente las ranas y el resto de seres vivos que dependen de esta charca, seguirán viviendo en armonia con el entorno y nosotros podremos contagiarnos de esa espontánea alegría natural que tanta falta nos hace.
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