
El contrabando de especies es la segunda mayor amenaza mundial para la vida salvaje, después de la destrucción de su hábitat. El mercado ilegal de especies a nivel mundial mueve al menos 8.000 millones de euros, el tercero en volumen tras el tráfico de drogas y de armas.
Resulta paradójico que la Unión Europea ( la que más leyes promueve en este sentido) sea uno de los mayores consumidores de especies salvajes y de productos derivados, siendo el primer importador mundial de felinos y de papagayos vivos, el segundo importador de primates, boas y pitones, y el tercer importador de tortugas y plantas.
Que bonito y que esnob resulta tener una tortuga del atlas africano metida en una caja de metacrilato de 40*30 (también llamada terrario) en el salón de nuestra casa para demostrar a todos nuestro nivel de ética y compromiso con el medio ambiente.
Los consumidores tenemos una responsabilidad fundamental a la hora de combatir este problema. La adquisición de especies ilegales atenta contra la auténtica conciencia ecológica, que asume que el mejor lugar para los animales y las plantas es su propio hábitat. Si no se compran especies amenazadas, no habrá motivos para seguir promoviendo su contrabando.
imagen: mercado de marrakech.