Las risas de los niños alientan la esperanza en un mundo rural en trance con su supervivencia.
De día , el itinerario Pedro Antonio de Alarcón, nos recuerda que Torvizcón es la “ciudad favorita del sol”.
De noche, sus fabulosas lumbres pregonan el inicio de su fiesta grande, San Antonio Abad, patrón de esta tierra. Barrios, rincones y plazas vomitan hogueras, donde enormes fuegos fatuos devoran a los malos augurios.
Una estirpe de mayores se congratula de su trabajo, de su tesón , de su vino, de su cultura, de su modo de vida. Gente que con sus manos y su sudor esculpen a diario una forma de entender y valorar lo que tienen.
Encontramos entre callejuelas empinadas, un museo del esparto donde se amontonan los recuerdos, la obra de un maestro y de un oficio casi extinguido.
Aquí hay una casa de comidas donde se come como en casa, donde se habla, donde se escucha, donde se saborea la esencia de un pueblo.
Gente hospitalaria, con un alcalde motivado, capaz y resuelto. Buenos ingredientes.
Me marcho por donde vine, no sin antes mirar hacia atrás y tragar la desazón de la nostalgia.
Concluyo, Torvizcon es un pueblo con alma.
El callejón de los gatos siempre estará en mi memoria…



