
Imaginemos, escribía el filósofo francés, Claude de Saint Simon, que los cincuenta gobernantes del reino desaparecieran por accidente: el pueblo estaría muy triste. Pero si desaparecieran los cincuenta mayores industriales, sabios y artistas, el país quedaría destruido, …
Si hoy perdiéramos a nuestros dirigentes electos, estaríamos abrumados pero pronto los sustituiríamos; pero la desaparición de personas capaces de crear, de imaginar, de soñar, y de todos aquéllos que se le parecen , daría lugar a una vida y a un futuro agrietado y difuso.
El mensaje que quiso recalcar Saint-Simon es que los tecnócratas son indispensables en una nación y los políticos, prescindibles. Es por esto que propuso un parlamento industrial, una organización económica que utilizara los talentos de la elite científica e industrial.
¿Era una idea descabellada?